Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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lunes, 6 de abril de 2026

Una peli al día (2026-04-05): REY DE REYES (Nicholas Ray, 1961) 7/10

Primera de las grandes superproducciones rodadas por el productor Samuel Bronston en España, “Rey de reyes” (King of Kings, Nicholas Ray, 1961) es posiblemente la que mejor sabe combinar una historia con un potente elemento intimista, psicológico y social con la espectacularidad visual afín a este tipo de películas. Esto no quiere decir que sea necesariamente la mejor de todas ellas, sin embargo, pero sí que es la que tiene unos componentes más originales.

Es difícil decir si esto se debe a la aportación de su prestigioso director, además, teniendo en cuenta que este entró en el proyecto, que en principio iba a ser dirigido por John Farrow, cuando ya estaba en marcha. Como tantas otras películas en la historia del cine norteamericano, “Rey de reyes” es un film más de productor que de director, en un tipo de cine que estaba ya en sus últimos estertores (siendo Bronston quizá uno de los últimos grandes productores al estilo clásico) y aunque la presencia de Nicholas Ray invite a la tentación de ver elementos autorales en la película, esta no deja de ser un producto a gran escala.

La trama de la película no deja de ser una amalgama de hechos narrados en los cuatro evangelios a los que el guionista Philip Yordan (contratado por Bronston a petición de Ray, para quien había escrito el guion de “Johnny Guitar”) aportó coherencia narrativa y elementos no acreditados de otras fuentes, como la “Salomé” de Oscar Wilde. Yordan planteó la historia de Jesús (Jeffrey Hunter) como la de un idealista que con su mensaje de amor y paz se enfrenta a las dictatoriales autoridades romanas encabezadas por Pilatos (Hurd Hatfield) pero también a la tradición judía que encarna Herodes (Frank Thring) y, sobre todo, a los elementos revolucionarios que buscan la liberación de la dominación romana, representados en los personajes de Barrabás (Harry Guardino) o Judas (Rip Torn).


Empezando a contar la historia bastante antes del nacimiento de Jesús, con el inicio de la dominación romana a través de llegada de las tropas de Pompeyo a Judea, Yordan propone un marco social en el que inscribe la vida de aquel, que paulatinamente se acaba convirtiendo en un personaje secundario de la película que supuestamente protagoniza. Así, su presencia se hace palpable más vía lo que otros dicen de él que vía su presencia real. Esta construcción sutil y psicológica del personaje sí que tuvo que ser del agrado de Ray, notándose en que ofrece lo mejor de la película en los momentos más intimistas y dialogados mediante el acertado uso de planos cortos.


Lo cual no quita que el talento del director se maneja también con acierto en las escenas más espectaculares que exigen planos largos y controlados movimientos de cámara. Ray sabe sacar buen partido del Technicolor y el Technirama (formato de pantalla ancha similar al CinemaScope) en las secuencias de combates y sobre todo en la crucial escena del Sermón de la Montaña, la primera, y la mejor, en la que el personaje de Jesús adquiere importante presencia real.

Otro punto fuerte de la película es obviar, o solo tocar de pasada, todo el aspecto fantasioso de los textos originales. Los milagros de Jesús, o la presencia de elementos religiosos míticos no interesan demasiado en una historia que pretende humanizar lo máximo posible al personaje… 

El mayor problema que tiene la película es que va perdiendo fuelle poco a poco y acaba traicionando su premisa de partida.. El comienzo es brillante, con personajes interesantemente desarrollados como el de María (Siobhán McKenna) y secuencias brillantes como la de las tentaciones de Cristo en el desierto (con un no acreditado Ray Milland como la voz de Satanás), la historia de Juan Bautista (Robert Ryan) y Salomé (Brigid Bazlen), el mencionado Sermón de la Montaña o la revuelta encabezada por Barrabás en Jerusalén). Pero pasadas estas escenas, con el film obligado a centrarse en los últimos días de Jesús, la narración se vuelve deslavazada, con mal uso de las elipsis, y cae en la tentación (nunca mejor dicho) de acabar resaltando una divinidad del personaje que durante dos tercios del film no es que negara, pero que sí acertadamente soslayaba.

Otro elemento que a mí me hace algo pesada la película es la voz en off narrativa aportada por Orson Welles con textos escritos por Ray Bradbury ambos también sin acreditar. Al parecer, este fue un añadido a posteriori que buscaba potenciar el aspecto épico del film, algo que uno, por la intención humanizadora en el tratamiento de los personajes, no encuentra en absoluto necesario. 


Muchos nombres de postín sonaron en un principio para interpretar los papeles principales, y al final, por una razón u otra no cristalizaron, con lo que el reparto, quizá con la excepción de Robert Ryan, está mayormente desprovisto de estrellas… algo que no le viene nada mal a la visión intimista de la historia bíblica que el guion en principio pretendía transmitir.

“Rey de reyes” es, pues, una película bíblica, curiosa, a mitad de camino entre la espectacularidad que en teoría demanda la transcendencia de los hechos narrados y una visión más intimista de los mismos. A veces logra armonizar ambos elementos con precisión, y otras veces no tanto, sobre todo cuando al final va cediendo a la tentación de caer en la solemnidad. No nos engañemos, este es un producto de Hollywood y en ninguna manera tiene, ni busca, la profundidad psicológica  y social, renunciando a toda parafernalia suntuosa y mística, que alcanzaría, sin ir más lejos, Passolini tres años después… pero ello no quita que, dejando aparte sus defectos, sea la más digna de las versiones sobre el Nuevo Testamento que haya hecho el cine norteamericano. 7/10


 

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