"tick, tick... Boom!" (Lin-Manuel MIranda, 2021)
es una de esas delicias que nos sigue mostrando el musical como género a los
aficionados que aún le quedamos, y un merecido tributo al inmenso y trágico
talento del músico Jonathan Larson.
La película aprovecha el desarrollo del musical original de Larson que fue
estrenado tras su muerte, que había convertido el monólogo rock inicial en una
pieza teatral para tres actores, y aumenta el número de personajes. En ella
asistimos al conflicto del talento creativo de un debutante músico que esta
intentando atraer inversores a su obra mediante la presentación de un esbozo de
la misma en un taller de producción o production workshop. Las escenas de dicho
taller y los ensayos para el mismo se combinan con escenas de la vida real del
autor, joven próximo a cumplir la treintena que se gana la vida de camarero en
un 'diner', vive en un apartamento de mala muerte en el que alterna momentos de
trabajo como compositor con fiestas con su grupo de amigos, tiene una relación
difícil con su novia y ve como muchos de sus amigos gays van cayendo víctimas
del sida (estamos a principios de los años noventa, en el momento álgido de la
epidemia).
