Es la historia de un joven carpintero que vive una plácida y feliz existencia junto a su esposa e hijos, a quienes ama profundamente, lo cual no es óbice para que se enamore de otra mujer a la que ama igualmente sin menoscabo alguno de su relación familiar. Varda plantea la posibilidad de que una felicidad no tiene por qué sustituir a otra sino sencillamente añadirse, sin más, y lo hace a través de un montaje modélico en el que las dos relaciones se van alternando en una solución de continuidad fluida y sin sobresaltos, y unos diálogos que de puro obvio apenas pueden escapar de la tópica ñoñería y sin embargo lo consiguen. Y como espectadores asistimos a los hechos hipnotizados casi hasta el amodorramiento, aceptando la teoría con bobalicona complacencia y comprensión, hasta que un acertadísimo giro de guion nos sacudirá la conciencia.
Es una obra plagada de metáforas visuales entre las que destaca la de los girasoles siempre buscando el sol, su propia felicidad, y siguiendo la trayectoria del mismo hasta volver a la posición original sin que aparentemente nada haya perturbado su condición.
Una originalísima y perturbadora película romántica 8/10

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