Al final, con toda su épica, con toda su parafernalia, con toda su profundidad temática, y por supuesto con todo su hype, “𝗨𝗻𝗮 𝗯𝗮𝘁𝗮𝗹𝗹𝗮 𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗼𝘁𝗿𝗮” (𝘖𝘯𝘦 𝘉𝘢𝘵𝘵𝘭𝘦 𝘈𝘧𝘵𝘦𝘳 𝘈𝘯𝘰𝘵𝘩𝘦𝘳, Paul Thomas Anderson, 2025) no deja de ser una película del montón. ( … Pausa para comprobar si he epatado. Ahora sigo … ). Del montón bueno, se entiende. Porque está en general bien hecha y bien interpretada, porque entretiene y da que pensar, porque es divertida a la par que dramática… pero que no es ni obra maestra, ni siquiera la mejor del año o la mejor de su director y que no es demasiado diferente de otras pelis que igualmente están bien hechas e interpretadas, entretienen y dan que pensar y son divertidas a la par que dramáticas. Del montón, ya digo.
Paul Thomas Anderson sorprende al acometer un thriller político de acción y con aroma de espectáculo con indisimulado afán comercial… pero también sorprende a los que esperábamos de él un film más cohesionado, más implicado en su propia propuesta temática y artística… y menos irregular. Porque sus pelis podrán gustar o no, podrán aburrir o fascinar, pero raramente mostrarán bajonazos de ritmo, incoherencias en el guion o fallos estructurales. Por lo menos hasta esta película.
Y eso que los personajes y situaciones planteadas podrían haber dado a esa excelente trabajo al que Anderson nos tiene acostumbrados. Pat/Bob (Leonardo DiCaprio miembro de un grupo revolucionario que ataca centros de detención de inmigrantes, atenta contra campañas electorales o boicotea suministros eléctricos. Bob se contagia del entusiasmo de la líder, eventualmente su pareja, Perfidia (Teyana Taylor), objeto a su vez de la lujuria del coronel Lockjaw (Sean Penn), que persigue al grupo y a ella por motivos mucho más que profesionales… Dieciséis años después, el grupo está oculto tras un atraco que resultó mal, y un decepcionado, escéptico y paranoico Pat, ahora Bob, se dedica a cuidar a Willa (Chase Infiniti), la hija que tuvo con Perfidia. Pero el pasado les persigue para rendir cuentas…
Son todos ellos ingredientes muy del cine de Anderson: personajes complejos y obsesionados inmersos en una trama potente con pasiones, traiciones, venganzas y una búsqueda de redención… y el vibrante comienzo de la película apuntaba un camino en esa dirección. Pero esta vez el cineasta californiano renuncia a profundizar en ese sentido y prefiere derivar la historia a algo más intimista: el relato de un hombre con un pasado oscuro tremendamente protector de su hija, y que cuando la ve en peligro, emprende un itinerario interior y exterior para recuperarla.
Este cambio tampoco sería malo si no fuera porque es brusco y poco coherente con lo contado hasta entonces, y porque de repente la narración se vuelve morosa y autocomplaciente… Pero es que además se aporta un cambio más: el trono transcendente del inicio se vuelve cómico y hasta bufo, porque en su travesía Bob se va a encontrar con personajes y situaciones absurdamente divertidas… algo que como momento concreto no deja de funcionar, vale, ya que una sonrisa o incluso breve carcajada producen (esas escenas de Bob y su problema con las contraseñas, dignas de el superagente 86), pero que provocan que la peli pierda el rumbo y, al menos en mi caso, desconecte de ella.
En ese momento ya no sé si me encuentro ante una historia sobre personajes obsesionados con su misión, o un relato de amor paterno-filial, o la búsqueda de redención de unos personajes perseguidos por su pasado, o un thriller de acción con muchas persecuciones y disparos con un hombre en busca de su hija… La película se ha vuelto un batiburrillo de muchas cosas, y aunque gran parte de ellas pueda funcionar independientemente porque, como digo, es un cine bien, hasta muy bien, hecho, el conjunto queda deshilvanado y el film, como un todo, no me deja ninguna huella significativa más allá de que durante bastantes ratos me lo he pasado bien.
Lo cual no es poco, como siempre se dice. He conectado con los personajes, tanto los positivos como los villanos, he disfrutado de los momentos de más acción y me he divertido con los instantes más estrafalarios y “tarantinianos” (tarde o temprano había que mencionar al tito Quentin), con el sensei maestro de Willa (Benicio del Toro) que ayuda a Pat y que es más que lo que aparenta, o la acadabrante organización nazi supremacista, o la no menos delirante cofradía de monjas revolucionarias…
… pero no es suficiente, porque esta amalgama de referencias (Tarantino, John Ford y sus centauros, el Lumet de “Un lugar en ninguna parte”, villano digno de la kubrickiana “Teléfono rojo…”) y mezcla de géneros es confusa hasta casi dejar sin aliento. Que sea un error de Anderson, o sea precisamente lo que estaba buscando, es lo de menos. Tampoco es suficiente un buen reparto, destacando la frescura de la debutante Chase Infiniti, el sarcástico Benicio del Toro y un Leonardo DiCaprio excelente en su evolución de revolucionario a devoto padre fumeta desencantado (en un atuendo que remite al Nota de los hermanos Coen… otra referencia cinéfaga más, y van…) aunque en un papel que ni pintado para este momento de su carrera. No soy tan entusiasta con Sean Penn esta vez, sin embargo, demasiado hierático y con pocos matices.
Y tampoco es suficiente el que vea con agrado las motivaciones e idealismo de los revolucionarios, que derivan en la liberación de los inmigrantes detenidos, por ejemplo, o la crítica de los supremacismos… algo que ha indignado a los que tenía que indignar, a los de siempre que se quejan de que la peli es peligrosa por ser pro-antifa, por presentar como los “buenos” de la peli a aquellos revolucionarios (además el film se estrenó poco después del asesinato del activista de ultraderecha)… o, para reírnos un poco, hay incluso elementos que la llaman… ¿lo adivinan ustedes? ¡Sí, eso justamente, woke! Mi parte más retorcida y malvada hace que la peli tenga por esto mi simpatía… pero tampoco es suficiente para que la aprecie más.
Lo dicho: una buena peli, como tantas otras, que garantiza en su mayor parte un rato entretenido, pero que ni mucho menos es una obra redonda o que vaya a dejar el poso de satisfacción cinéfaga de otras pelis mejores… incluidas unas cuantas del propio Anderson. 7/10
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