"La linterna roja" (𝘋𝘢 𝘩𝘰𝘯𝘨 𝘋𝘦𝘯𝘨 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘎𝘢𝘰 𝘨𝘢𝘰 𝘎𝘶𝘢 (𝘙𝘢𝘪𝘴𝘦 𝘵𝘩𝘦 𝘙𝘦𝘥 𝘓𝘢𝘯𝘵𝘦𝘳𝘯), Zhang Yimou, 1991) es para mí, junto a "Semilla de crisantemo" y "Vivir" la cumbre del arte cinematográfico de su director, y, teniendo en cuenta otras maravillas que jalonan su filmografía, en especial en los años noventa, eso es decir muchísimo. Añadamos para completar el elogio que posiblemente es una de las mejores películas del último tercio del siglo XX.
Es un film de gran complejidad tanto en lo argumental como en lo narrativo, visual y técnico, y sin embargo exhibe una fluidez mercurial que escapa a todo alarde innecesario y que la hace plenamente accesible al espectador, que no puede menos que rendirse y dejarse llevar por los recovecos del guion y su apabullante y hermosa plasmación en imágenes.
Merece la peli quizás un análisis más profundo y detallado que esta torpe y entusiasmada reseña, pero no puedo evitar hablar de la variedad de capas de su historia, la de una joven cercana a los veinte que en la feudal china de la segunda década del siglo pasado debe renunciar a sus estudios universitarios para sacrificarse por su arruinada familia mediante su matrimonio con el cacique de la zona.
El feminismo del film no está solo en la denuncia de un sistema deleznable o del planteamiento de una difícil rebeldía al mismo, sino también en la fuerza que debe desarrollar la mujer para sacar lo mejor de tal sistema: la protagonista acepta a regañadientes el sacrificio y tras una rebeldía inicial accede a ser la cuarta esposa del cacique, casi renunciando no solo a su libertad, sino también casi hasta su nombre. La llamada Gonglian se convertirá, pues, casi siempre en "la cuarta señora" para la servidumbre y "la cuarta hermana" para el resto de esposas... siendo los términos "esposa", "señora" y "hermana" meros eufemismos para "concubina", porque lo que hay tras estos "matrimonios" es una relación de esclavitud sexual, con las cuatro mujeres en competición por ser la "afortunada" que disfrutará cada noche de los "favores" del señor de la casa, elección que se celebrará con el alzamiento delante de la residencia de la escogida de los faroles rojos que dan título a la película y la novela original.
Hay competición, pues, que lleva a engaños, falsedades, rivalidades y traiciones entre las cuatro, en un juego de muestra y ocultación que deja claro que ninguna es lo que aparenta ser, y con las tres primeras ya plenamente incrustadas en el sistema (aunque una de ellas intentará reivindicar cierta libertad) y la cuarta, Gonglian, tras su efímera rebelión, aceptando el reto, integrándose en los usos y costumbres ... por mera supervivencia, porque como mujer no le han dado otra alternativa, lo que le da pocas posibilidades de evolución... aunque los hechos acabarán dictando otra cosa. Habría que añadir a este nivel horizontal en el argumento un nivel vertical, el de la clase social, con los servidores que aceptan su lugar en el organigrama, sin más, o quienes aspiran a subir de categoría. Se podría hablar también de una denuncia del edadismo, con las dos primeras esposas, las más avanzadas en edad siendo cada vez más desatendidas por el señor, que se inclina por las dos más jóvenes.
Es inevitable también mencionar la realización visual, apabullante, no meramente descriptiva sino también narrativa y completando la caracterización. Los recursos que usa Yimou para reflejar el alma de los personajes y de lo narrado empiezan por una fotografía bellísima a cargo de Zhao Fei, que alterna los brillantes luminosos tonos rojizos de los interiores con los ocres, sepia o de un apagado azul de los exteriores. Hay que hablar de la maestría de la composición por parte del director, con la protagonista casi siempre ocupando el centro de la imagen, y la difuminada imagen, pero al mismo tiempo de poderosa presencia, del señor de la casa, del que apenas podemos ver su rostro, casi siempre filmado desde el fondo o de espaldas; el opresivo uso de imagenes simétricas, o el enmarcado de la acción a base de puertas, ventanas, pasillos, espejos, reflejando el ambiente opresivo en la residencia; el uso de contrapicados, en especial de los patios de las casas de las esposas, contribuyendo a aumentar la sensación de vigilancia a la que están sometidas; la versatilidad con la que se mueve la camara tanto en los movimientos más sencillos de plano general a primer plano como en los más complejos que recorren la estructura laberíntica de la residencia, tanto en el interior de las casas como en la azotea.
Al final, nos queda una película modélica, de guion casi perfecto que avanza con firmeza del drama a la tragedia, denunciando sin moralinas o discursos, solo con la mera exposición de los hechos, y de plasmación visual bellísima y arrolladora, donde cada imagen y recurso empleados lo están plenamente al servicio de la historia, contribuyendo, como ya he dicho, a la caracterización y narrativa. Una auténtica maravilla. 10/10

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