Y aquí voy a insistir en lo de "considerada", porque vista ayer, no estoy completamente de acuerdo, a no ser que nos explayemos sobre lo que supone una adaptación. Si entendemos por tal un traslado que, haciendo retoques necesarios al original, motivados por el cambio de medio o por circunstancias coyunturales, ya sean sociales o meramente crematísticas, pero consigue mantener más o menos la esencia del relato e instalarlo en el imaginario colectivo, debemos decir que es una buena adaptación que es responsable además de que la novela se instaure en el corpus cinematográfico.
Porque lo básico esta ahí: el joven marinero envuelto en una conspiración bonapartista, delatado por unas personas en las que confiaba, condenado a pasar muchos años en una inexpugnable prisión de la que sin embargo se escapa, y encuentra un tesoro que le da los medios para adquirir un estatus social y económico desde el que perpetrar su venganza... la historia que conocemos de sobra queda definitivamente fijada para el cine en esta peli, que disfrutó además de un considerable éxito.
Si somos más tiquismiquis, sin embargo, los cambios en el sentido de la obra, sobre todo en su desenlace, la desaparición o reubicación de otros que son claves en el relato original, nos pondrán la mosca tras la oreja.Y lo que es peor, todo sería perdonable si la peli siguiera funcionando hoy... y en lo que a mí respecta, me temo que no. La veo envejecida, anquilosada y engolada, tanto en su ritmo y desarrollo como en su interpretación principal. No quiero cargar las tintas sobre Rowland Lee, el guionista Philip Dunne o Robert Donat, sin embargo, pues creo que se adaptaron a lo que el productor Edward Small quería que fuera la película... y tampoco a este hay que echarle demasiado en cara, porque evidentemente acertó, dado el éxito del film.
Lee es un director que desde sus comienzos en el cine mudo se especializó en el género de aventuras, donde normalmente cumplió con el objetivo de crear productos mínimaente entretenidos y también con la mínima dignidad. Es más, no se puede olvidar que hizo en el sonoro dos pelis tan estimables como, al año siguiente de esta, la también primera versión sonora de "Los Tres Mosqueteros" (aquí llamada "Por la dama y el honor"), otra versión a la vez respetuosa pero muy "libre", y efectiva, del clásico de Dumas, y que se despidió del cine en 1945 con la excelente peli de piratas "El capitán Kidd". Por su parte, Robert Donat fue un buen actor, capaz de más matices de los que le dejan mostrar como Montecristo, como se puede ver en trabajos posteriores como la esencial hitchcockiana "Los 39 escalones" o el casi modélico melodrama "Adiós Mr. Chips", por el que recibió el Oscar. Finalmente, Philip Dunne fue un gran guionista, víctima del macarthysmo, con pelis del calibre de "Qué verde era mi valle", "El fantasma y la sra. Muir" o "La mujer pirata", entre otras.
Quiero decir con todo esto que había mimbres para hacer una gran película... y en su momento lo fue, pero me parece que el paso del tiempo la ha dejado en una peli digna, sin más.
Hay un desequilibrio evidente entre las dos partes del film, la de la sentencia y encarcelamiento de Edmund Dantés por un lado, y por el otro la del Conde ejecutando su venganza. En aquella se echa el resto, y está ciertamente conseguida, con un empeño en dejar bien claras las motivaciones de los conspiradores, el transfondo histórico y político y la evolución del personaje protagonista hasta su fuga. Es, con mucho, lo mejor del film.
Sin embargo, cuando Dantés deviene Montecristo, todo se vuelve apresurado, torpe y deslavazado, con decisiones guionísticas de difícil comprensión y poca coherencia. La parte más psicológica de la peli está muy bien desarrollada, pero la parte de más aventura es bastante vulgar y desvaída. Y Donat desarrolla un personaje al que el guion, quizás por imposiciones de gustos y moral del momento, impide desarrollar toda su aviesa crueldad, todo su caudal vengativo. Es como si al mismo tiempo que busca su venganza, buscara la redención de la misma, algo que no encaja para nada en el personaje. Por ello, resulta innecesariamente blando y engolado, indigno del talento interpretativo del actor.
Me quedo al final con una peli de la que no puedo negar su importancia y en la que debo admitir que tiene momentos de buen cine. Pero su parte final me deja con mi moral cinéfaga bastante por los pies. 6/10
(Nota: el éxito de la peli llevo a una secuela seis años después, con el mismo productor y director, "El hijo de Montecristo"; una auténtica locura en la que las incongruencias e incoherencias de guion se multiplican, donde se convierte al heredero de Edmund en un trasunto del Zorro liderando la rebelión contra la tiranía en un país centroeuropeo que inevitablemente recuerda a la Ruritania del prisionero de Zenda... y que sin embargo, por ese grado de locura, y si no nos la tomamos demasiado en serio, resulta ser un film sorprendentemente entretenido, con un Louis Hayward exhibiendo simpatía hasta el empalago, un George Sanders desatado como villano de la función y una Joan Bennet bella y encantadora hasta el embriagamiento... como digo, muy floja pero sorprendentemente entretenida. Y hay una tercera parte con las andanzas del ¡nieto! del Conde, "El retorno de Montecristo", que no he visto pero que se me da que es para pasárselo bien también).








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