Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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domingo, 22 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-21): SUEÑOS DE TRENES (Clint Bentley, 2025) 9/10

© Netflix
“Sueños de trenes” (Train Dreams, Clint Bentley, 2025) me ha supuesto una gran, gratificante sorpresa. No esperaba mucho de ella, viendo cómo se la relacionaba con Terrence Malick (lagarto, lagarto), y algunas referencias que la definían como un “western sin disparos” me dejaban muy confuso. Pero visto el tráiler, no pude evitar fijarme en lo bonita que lucía y terminé por darle una oportunidad. Qué bien hice.

 

Estamos ante una película pausada, pero eso no quiere decir que relajada o relajante. Una película que invita a la reflexión y a regodearse en la inmensa belleza de sus imágenes, pero eso no quiere decir que sea de esas en las que “no pasa nada”. No señor, en ella pasa todo una vida, nada más y nada menos. Una vida con sus alegrías, sus dramas y sus tragedias. Pero no es la vida de un héroe o de una figura transcendental… es la vida de una persona ordinaria enfrentándose a lo que cualquiera de nosotros podría enfrentarse y de hecho se enfrenta a lo largo de la existencia. Lo cual le convierte en alguien extraordinario.

 

El film cuenta la vida del leñador y trabajador en la construcción de vías férreas Robert Grainier (Joel Edgerton) desde que en la última década del siglo XIX llega como un niño huérfano a Idaho, cerca de la frontera con Canadá, en el noroeste de los Estados Unidos, hasta que es un anciano en la ochentena. En una existencia tan larga, es testigo presencial de cómo el entorno natural va cediendo ante la llegada del progreso, al tiempo que vive su vida en compañía de su esposa Gladys (Felicity Jones) y su hija, compañeros de trabajo como el experto en explosivos Arn (William H. Macy), o su amiga vigilante forestal Claire (Kerry Condon), con quienes comparte alegrías y sinsabores.

 

© Netflix

Así de sencillo, la vida normal de una persona normal. Taciturna, reflexiva, cariñosa con los suyos, cuyo mayor defecto sería el que se deje llevar ante las situaciones que no comprende, una de las cuales le marcará para siempre. Asistimos a lo largo del metraje a cómo va construyendo esa vida en un entorno natural impresionante, entre bosques, ríos y montañas, al tiempo que contribuye a la degradación de ese entorno derribando los árboles que son necesarios para la construcción de la via férrea.

 

Pensándolo bien, sí que hay algo de Malick en la forma en la que Bentley filma esa naturaleza, con planos largos casi a ras de suelo que hacen que luzca espectacular, al tiempo que la fotografía de Adolpho Veloso le otorga un tono entre ensoñador y místico. Pero a diferencia del Malick de sus últimas películas, Bentley quiere, si no anteponer la historia a las imágenes, al menos ponerlas a la misma altura. Con toda la majestuosidad de la naturaleza retratada, ni una sola escena está puesta ahí para epatar por epatar. Si lo hacen, es porque están plenamente integradas en la peripecia existencial del protagonista, siendo tanto un reflejo como una prolongación del mismo.

 

© Netflix
El director, junto a su coguionista Greg Kwedar (con el que ya trabajó en el guion de la excelente “Las vidas de Sing Sing”, dirigida por este último) hacen una adaptación de la novela original de Denis Johnson en la que, con la colaboración del montador Parker Laramie, van alternando escenas reales con sueños, visiones y ensoñaciones, premonitorias o evocadoras, en un montaje dinámico… pero para nada frenético. Recordemos que estamos ante una película muy pausada, pero con este montaje adquiere un ritmo que la aleja de lo parsimonioso. Y más que la influencia de Malick, veo yo aquí algo muy truffautiano, en cómo disponen los guionistas los hechos de la vida de este pequeño gran personaje, tratándolos como si fuera lo más importante del mundo.

 

© Netflix

Todo ello para hablar del paso de Robert, esa persona que de ordinaria que es, es ciertamente extraordinaria, por un mundo condenado a desaparecer. Es aquí donde quizá pueda estar justificada la mención de “western” aplicada a este film, porque se nos describe la hermosura, pureza y libertad de esa última frontera a la que llega el huérfano protagonista a fines del siglo XIX, para mostrarnos como ha acabado siendo engullida setenta años después por la modernidad y el progreso. Los ferrocarriles se han modernizado y ya no discurren por las vías de antaño, y se ven obsoletos ante el tráfico aéreo y la era espacial. Lo único que no cambia es Robert, que tras todo lo vivido y sufrido, sigue afrontando la existencia con la misma tranquilidad y sensación de maravilla que siempre ha tenido. Los golpes de la vida le han hecho fuerte y resistente.

 

© Netflix
Todo el reparto esta a una gran altura (y personalmente no puedo menos que agradecer, aunque sea breve, la presencia de mi admirada Kerry Condon), pero está claro que quien domina la escena, y de qué manera, es Joel Edgerton, en un trabajo contenido y mesurado que no es obstáculo para que muestre todos los matices de alegría y de tristeza que requiere la evolución de su personaje sin ceder en ningún momento a la tentación de la sobreactuación. Una de las interpretaciones del año, que bien merecería haber sido más reconocida a la hora de los premios.

 Como también merece mayor reconocimiento la para mí sorprendente película, que no dudo en instalar en mi top 5 del pasado año, bajándole solo un poquitillo la nota por el uso de la voz en off, que, por mucho que tenga la sonoridad y carácter que le aporta el actor Will Patton, hay veces que la encuentro innecesaria y que afecta al ritmo del film. Pero salvo esta pequeñez, yo les recomendaría mucho esta “Sueños de trenes”. 8,5, redondeado a 9/10.


 

Willie Colón y Rubén Bladés: BUSCANDO GUAYABA

 Homenajeando a Willie Colón, le recordamos con esta canción procedente de su rompedor álbum "Siembra" de 1978, el segundo en colaboración con Rubén Blades, con el que ambos elevaron la salsa no solo en términos cualitativos, sino también al fenómeno de masas que llegó a ser.

 Willie Colón, que la tierra le sea leve, con nuestro agradecimiento. 


 

sábado, 21 de febrero de 2026

Enrique del Teso en el diario Nortes, sobre el burka y su prohibición

Foto usada en el artículo en Nortes

Citas del artículo de Enrique del Teso en el periódico Nortes, 21-2-2026

"Punto para Vox ... . Soltaron lo del burka y la izquierda hierve de principios y moralidad superior. Los principios son trastos grandes del conocimiento y, cuando se miden las discusiones ordinarias con ellos, chocan, no caben todos a la vez. La izquierda es facilona para la provocación. Dices burka y llegan los principios en tropel: libertad religiosa, luego no hay que prohibirlo; igualdad y dignidad, luego hay que prohibirlo; lo dice la ultraderecha, luego no hay que prohibirlo; los ultras quieran dar lecciones de igualdad, luego hay que prohibirlo y de paso también los hábitos de las monjas, sobre todo los velos y las cogullas. Y así empiezan en redes sociales y púlpitos a bullir las izquierdas con lo de votar a favor o en contra."

"Pues claro que el burka es intolerable. Decíamos que no se puede razonar todo con principios, es decir, con grandes convicciones muy generales. Pero tampoco conviene estrechar los razonamientos tanto que perdamos la perspectiva. Si el culto de una religión incluye el sacrificio ritual de hervir a niños en agua, no debe haber una ley específica que prohíba ese ritual. Ya está prohibido el asesinato, agresión y tortura, simplemente se aplica la norma al caso del ritual. (...) Ya hay leyes suficientes para considerar un delito obligar a seres humanos, por su sexo, a sepultar su individualidad con indumentaria tan ominosa. La libertad religiosa no está por encima de las leyes que prohíben hervir a niños o pudrir en vida a las mujeres."

"Una ley que prohíba el burka es innecesaria por dos razones: porque las leyes civilizadas de países civilizados ya reprimen un atropello como ese. (...) La segunda razón es que es espurio prohibir lo que es manifiesto que no va a suceder. Sería necia una ley que prohibiera castrar a niños para recuperar para la ópera a los castrati. Ni se andan castrando niños, ni hay burkas. Hacer prohibiciones preventivas de aberraciones que no suceden, para las que además ya hay leyes aplicables, parece una necedad."

"Vox quiere una prohibición expresa del burka para señalar al islam y, por asociación, a la inmigración magrebí. El islam no lleva al burka, como el catolicismo no lleva a la quema de herejes en hogueras. Es un episodio más de racismo y xenofobia ultra. La ultraderecha quiere una sociedad totalitaria y sin derechos, a la que se llegue con el apoyo de la población. La propaganda necesaria para eso necesita siempre a minorías estigmatizadas ... "

 

Una peli al día (2026-02-20): NOCHE EN LA CIUDAD (Jules Dassin, 1950) 9/10

 Mismo © que resto de las fotos 

El cine negro, ese noir bautizado por la crítica francesa, que posiblemente entendió mejor y amó más el género que los propios estadounidenses, está lleno de películas desoladoras, pesimistas, con personajes abocados a un destino funesto, da igual que por sus propios deméritos o que por la mala fortuna. Pues bien, pocas hay que respondan tan profundamente a estas características como “Noche en la ciudad” (Night and the City, Jules Dassin, 1950).

 

Ambientada en la misma postguerra europea plena de incertidumbres y miedo acerca del futuro que “El tercer hombre”, mostrando los mismos entresijos y rincones ocultos de la ciudad aún en reconstrucción, la película de Dassin no deja títere con cabeza en cuanto a mostrar personajes traicioneros, codiciosos y crueles encerrados en un ambiente urbano hostil que les ahoga y les priva de esperanza. Y todo ello en la noche londinense, retratada con una belleza difícil de superar.

 

Algo a lo que no es ajeno el propio cineasta, ya que es fácil ver en ese buscavidas que interpreta Richard Widmark, con ansia de prosperar y triunfar pero siempre a la carrera, siempre huyendo y finalmente acorralado, un trasunto suyo, obligado a rodar esta película norteamericana en el Reino Unido para no ser convocado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses por su pasado comunista, con el peligro de acabar en la lista negra… algo que a la postre fue inevitable, lo cual le impidió, a su vuelta, el participar en el montaje final del film, no pudiendo volver a trabajar en el cine en su propio país y acabando por ir al exilio a Francia, donde, no sin dificultades, pudo volver a retomar su carrera. Con “Rififí”, nada más y nada menos. Pero tuvieron que pasar cinco años desde el estreno de la peli que me ocupa hoy.

 

Night and the City © 20th Century Studios/Walt Disney Studios Motion Pictures. 

Harry Fabian (Richard Widmark) es un timador norteamericano de poca monta en Londres, viviendo a salto de mata entre negocios que nunca le salen bien, su relación en crisis con su pareja, Mary (Gene Tierney), dependiendo de los pequeños trabajos que le pueda dar el dueño de un club nocturno Phil Nosseross (Francis L. Sullivan) y tratando de alejarse de los manejos de la esposa de este, Helen (Googie Withers). Pero un día parece que la suerte de Harry cambia y que sus sueños de llegar a ser alguien pueden cumplirse, cuando ve la oportunidad de convertirse en un promotor de peleas de lucha grecorromana. Sin embargo, necesita dinero para contratar a los luchadores más prestigiosos y establecerse, y solo lo conseguirá de los poco fiables Nosseross y en unas condiciones muy particulares. Para complicar las cosas, se encontrará con la oposición de otro promotor de peleas, Kristo (Herbert Lom), que aparte de la rivalidad en el negocio, tiene otros motivos para enfrentarse a Harry. Poco a poco la situación se irá enrevesando…

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Como he dicho al principio, es difícil ver otra película donde una ciudad luzca tan hermosa, y a la vez tan amenazadora, como luce Londres en este film. Dassin mueve su cámara por las calles, edificios abandonados, fábricas, clubs nocturnos, en largos travellings que evocan el cine documental y el neorrealismo italiano. El personaje interpretado por Widmark se mueve nervioso, casi siempre corriendo (de hecho así empieza la peli y así la termina), en un entorno urbano en un acentuado claroscuro perfectamente retratado por el director de fotografía Max Greene. Por su parte, el director alterna los planos largos descriptivos con los planos cortos que muestran la angustia de los personajes, empleando complejas angulaciones y buscando con frecuencia el encuadre de las figuras en ventanas, arcos, puertas… cualquier elemento arquitectónico que pueda incidir en la idea de unos personas aprisionadas en la ciudad.

 

Night and the City © 20th Century Studios/Walt Disney Studios Motion Pictures. 

No hay apenas espacio para la luz diurna, salvo en el desenlace, y aún así cuando dicha luz llega no es precisamente como efecto liberador de la opresión de la casi hora y media anterior de metraje.Todo ello para destacar la vida de unos personajes en su mayor parte (la excepción sería Mary y el vecino de esta interpretado por Hugh Marlowe) ruines y taimados, atrapados por su propia codicia y que cuando en algún momento de breve humanidad intenten escapar a ella les será harto difícil, por no decir imposible. No se aprecia redención posible para ellos, y de hecho a alguno no parece preocuparle lo más mínimo.

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Y tenemos a Harry como protagonista absoluto, y por ello el ancla emocional al que como espectadores podemos, incluso debemos, agarrarnos. Pero es ciertamente difícil. Aunque podamos sentir cierta simpatía por este perdedor al que todo le sale mal y en algún momento podamos llegar a desear que el destino le dé un respiro, lo cierto es que es una persona falta de escrúpulos, capaz de la mayor villanía incluso con quienes le quieren y tremendamente engreído. Widmark borda su interpretación de este perdedor que parece merecer su condición de tal, y que sin embargo no entiende por qué todo se vuelve contra él. Quizá esté en esta falta de comprensión la única razón para que sintamos cierta empatía por él.

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Widmark domina tanto la pantalla que el resto del reparto queda a años luz de él, y no porque hagan un mal trabajo, sino porque acaban pasando bastante desapercibidos. Sin embargo, no se debe dejar de hacer justicia a Googie Withers en su papel de esposa que no se para en barras a la hora de independizarse de su marido, o a Herbert Lom como taimado promotor de peleas. Gene Tierney como sufrida novia de Harry cumple bien, pero es una pena que su personaje no esté más desarrollado, algo que se puede decir también del de Hugh Marlowe.

 

“Noche en la ciudad” es una extraordinaria película, uno de los mejores momentos del cine negro, con Richard Widmark y la ciudad de Londres como auténticas estrellas del film, un relato de perdedores sin esperanza encerrados en una noche tan eterna como la oscuridad de sus destinos. Será todo lo desoladora que sea, y al final de su visionado nos quedaremos con el alma inquieta, pero… qué diablos, es una peli que hay que ver. 9/10.

 


 

David Bowie & Pat Metheny Group: THIS IS NOT AMERICA

En 1984 el guitarrista de jazz Pat Metheny estaba componiendo la banda sonora de la película de espías durante la guerra fría "El juego del halcón" (The Falcon and the Snowman, 1985), y no sabía quién podría cantar la canción de la misma, que pretendía basar en el instrumental "Chris", tema de uno de los protagonistas de la peli. El director John Schlesinger le sugirió David Bowie, cuya obra Metheny solo conocía superficialmente. Tras escuchar algunos discos del cantante, el guitarrista decidió que Bowie era la persona perfecta para la canción. 

Desde comienzos de su carrera, Bowie había mostrado su interés por el cine, y es conocido que la canción que le lanzó a la fama, "Space Oddity" vino de su fascinación por la kubrickiana "2001". Tras papeles cortos o de figurante en algún corto o películas de poca incidencia, ese interés fructificó en 1976 con su papel protagonista en "El hombre que cayó a la Tierra", de Nicholas Roeg, a la que en 1979 siguió "Gigolo", de David Hemmings, que fue además la primera peli con una canción suya, "Revolutionary Song", aunque él no la cantó. Otra película importante con su participación como protagonista, pero sin música suya, sería en 1983 "Feliz Navidad, Mr. Lawrence", de Nagisha Oshima. Un año antes había coescrito con Giorgio Moroder la canción "Putting Out Fire" para la película de Paul Schrader "El beso de la pantera", remake de "La mujer pantera" (1942) de Jacques Tourneur. 

 Cuando Bowie recibió la oferta de Metheny, estaba muy insatisfecho con su último álbum, "Tonight", y quizás la posibilidad de trabajar en el cine fuese para él una pequeña liberación. De hecho, tardaría tres años en volver a sacar un álbum, y en ese período, tras su colaboración en "El juego del halcón", escribiría el tema para el film "Cuando el viento sopla", de Jimmy T. Murakami, y también escribiría canciones, además de participar como actor, para "Dentro del laberinto", de Jim Henson, y "Principiantes", de Julien Temple (para la que compuso la espléndida "Absolute Beginners"), todas ellas estrenadas en 1986.

 La canción que me ocupa hoy, "This is not America", a pesar de ser coescrita por músicos de jazz (Metheny y el miembro de su grupo Lyle Mays) no tiene prácticamente nada de jazz, curiosamente. No deja de ser una progresión repetitiva de la misma secuencia de acordes apoyada en la guitarra rítmica de Metheny, los sintetizadores de este y su compañero Mays, y la sección rítmica de Steve Rodby al bajo y Paul Wertico a la batería.  

Lo que eleva la canción es la aportación de Bowie, sin duda. Para empezar, él fue quien propuso el título de la canción, una frase mencionada dentro de la película. Y luego está la letra, que a pesar de algún momento forzado, por la obligación de mencionar el título del film en ella, muestra perfectamente la melancolía que acompaña al film, y tiene momentos poéticamente brillantes como el juego aliterativo entre las palabras "America" y "miracle". Pero sobre todo está la voz de Bowie, soberbia, modulada perfectamente entre tonos altos y bajos, entre casi susurros y gritos, entre tristeza y desesperación. El cantante propuso que los miembros del Pat Metheny Group hicieran los coros, pero estos rechazaron la sugerencia alegando que no sabían cantar, y fue el propio Bowie el que los acabó haciendo, duplicando y hasta triplicando su voz, y aportando ese aparentemente insignificante "sha-la-la-la-la" que acaba siendo impecable leit-motif de la canción.

Aporto clip de la canción ilustrando escenas de la película, luego el instrumental que le dio origen, una versión del Pat Metheny Group y otra de Bowie en directo. El tema se lo merece.


 

 


 

Fuente de los datos: Clerc, Benoît, David Bowie, All The Songs: The Story Behind Every Track, Black Dog & Levental Publishers, New York 2021 (Edición original en francés David Bowie: la totale publicada por Editions Chêne/E/P/A el mismo año); O'Leary, Chris, Ashes to Ashes: The Songs of David Bowie, 1976-2016, Repeater Books, 2019; página web The Bowie Bible; Wikipedia

 

viernes, 20 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-19): LA CENA (Manuel Gómez Pereira, 2025) 7/10

Lo mejor de “La cena” (Manuel Gómez Pereira, 2025), es que supone la vuelta a las pantallas de un tipo de cine demasiado olvidado en la producción española durante los últimos años: la comedia coral de enredo. Y lo hace de la mano de un cineasta que llevaba demasiado tiempo también de capa caída, tras una etapa estelar en los años noventa en la que ofreció alguna de las mejores comedias de esa década.

 

Dicho esto, no es una película completamente satisfactoria. No es que no solo no se acerque a los referentes que se le mencionan, desde el inevitable Berlanga hasta maestros de la comedia italiana como Mario Monicelli o Dino Risi… es que ni siquiera es tan divertida como otras comedias de Gómez Pereira como “El amor perjudica seriamente la salud” o “Boca a boca”, aunque puede que cinematográficamente hablando si puede que se les acerque. El mayor problema que le veo es que el efecto cómico no es todo lo vitriólico que podría y debería ser, y para colmo se va diluyendo a medida que avanza la película hasta quedar en muy poco, y que resulta que lo mejor funciona es el elemento dramático presente en el trasfondo de la trama.

 

Recién terminada la Guerra Civil, el teniente del ejército franquista Santiago Medina (Mario Casas) llega al hotel Palace de Madrid, que está siendo utilizado como hospital, para informar al gerente Genaro Palazón (Alberto San Juan) de que Franco quiere celebrar esa misma noche en el hotel una cena con sus generales y esposas para celebrar la victoria. Genaro y Medina, con la ayuda del oficial de Falange José Luis Alonso (Asier Etxeandia), se enfrentarán no solo al problema de reconvertir la sala quirófano del hospital en el comedor original, o la dificultad de conseguir comida en el asolado Madrid, sino que además, ante la ausencia de personal de cocina, y a sugerencia de Genaro, tendrán que usar a prisioneros republicanos antiguos cocineros, entre ellos la chef Juana Sanz (Elvira Minguez) y su hijo Ángel (Oscar Lasarte), que sin saber de cocina actuaría de sumiller solo para reunirse con su novia María (Nora Hernández). Mientras avanzan los preparativos de la cena, los personajes se enfrentarán a sus problemas personales, rivalidades ideológicas y sus propias intenciones futuras…

 

"La cena" © 2025 La Terraza Films, Turanga Films, Sideral Cinema, Ikiru Films, Halley Production

Hay los mimbres para una buena mezcla de vodevil y drama con un desenlace cómicamente apoteósico, pero la cosa se acabará quedando con la mezcla de una comedia que se va descafeinando conforme progresa el metraje y un drama que sí que es intensamente desarrollado. No he leído ni visto la obra teatral original de José Luis Alonso de Santos, así que ignoro cuánto de ella ha pasado al film, aunque he visto en alguna reseña que es una adaptación muy libre de la misma.

En favor de Gómez Pereira, hay que decir que como director ha conseguido superar el estatismo del origen teatral del guion moviendo la cámara con soltura por las diferentes dependencias del hotel y alrededores, lo cual hace que la peli tenga un tono muy dinámico y vital que no la hace aburrida ni mucho menos. Sin embargo, es frustrante que no se aproveche del todo la comicidad crítica de la situación en el país una vez terminada el conflicto bélico. Apenas hay gags brillantes, aunque sí hay humor en algunos diálogos, pero no hay el vitriolo que se podría haber extraído, y, ahora sí que hay que decirlo, un Berlanga y su guionista Azcona sí que habrían conseguido, como lo hicieron en la similar temáticamente “La vaquilla”.

 

Hay un intento de acercamiento entre las “dos Españas” en el hecho de que los personajes positivos no son solo el grupo de cocineros republicanos sino también el gerente del hotel, monárquico, y el teniente franquista que no ha tenido el valor de matar a nadie en toda la guerra, y enfrente hay villanos pero que muy villanos, el oficial falangista o el plantel de camareros, todos ellos fascistas alardeando de su victoria y pasándosela por los morros a los republicanos cocineros… pero apenas hay conflicto humorístico entre ellos. Y por si fuera poco, la apoteosis final de comicidad que se podría esperar no llega, en una secuencia final que por ello se hace demasiado larga. En fin, a pesar de lo enjundioso de la situación, el humor no deja de ser bastante amable. No empalagoso ni ñoño como el de las comedias familiares que nos invaden cada verano, pero sí demasiado suave, y para nada la carga de profundidad que debería haber sido. 

"La cena" © 2025 La Terraza Films, Turanga Films, Sideral Cinema, Ikiru Films, Halley Production

Pero como digo, lo que me funciona pero que muy bien es la parte dramática de la historia. No me refiero solo al trasfondo de una España de prisiones, de edificios derruidos, de colas para el racionamiento o pelotones de fusilamiento, que sí que aparecen aunque sea de pasada. No, me refiero a los conflictos personales de los personajes, con ese teniente que añora su pasión por la fotografía, o el gerente con un oscuro secreto “que no tiene sitio en la nueva España”, o la joven cantante de orquesta que usa la picaresca para poder volver a su novio… los momentos que más y mejor me han quedado una vez terminada la película son estos… por no hablar de la estremecedora escena que protagoniza el oficial falangista al comienzo del film.

 

Poco malo que decir del reparto. Mario Casas, que me maravilló el año pasado con su trabajo en “Muy lejos”, esta sencillamente correcto en lo que se refiere a su vis cómica y mucho mejor cuando aflora el drama de su situación. Con todo, no hay que negarle buena química con Alberto San Juan… pero es que sería de pecado mortal no tener buena química con este actor, cuya actuación está entre lo mejor de la película. Su humor irónico, hasta sarcástico, típico de personaje que debe aprender a flotar entre dos aguas, y en lado opuesto el dramatismo que hay en él cuando afronta sus demonios internos, son matices que San Juan desarrolla a la perfección. Del resto del elenco cabe destacar a Asier Etxeandia como el oficial falangista Alonso, que cuando debe mostrar la maldad intrínseca de su personaje lo hace hasta las últimas consecuencias, y que cuando es un villano de opereta merecedor de burla (algunos de los mejores momentos cómicos del film le pertenecen), también cumple más que dignamente. Termino con una mención de la que creo que es debutante Nora Hernández, que da a su joven personaje una mezcla de pizpireta inocencia y rebeldía muy refrescante.

 

El problema de “La cena” no es que sea una mala película. No, no lo es, se deja ver muy bien, o sea que apenas aburre, y tiene los suficientes elementos positivos para que se la aprecie. No, el problema está en que es tremendamente frustrante, que en este retorno del cine español a un tipo de comedia muy nuestro que no se hacía desde hace mucho (lo más parecido que uno vio en los últimos años fue “Casa en llamas”), no se han aprovechado las oportunidades que daba la historia para una comicidad más profunda, más provocadora, mas vitriólica. Vistas las referencias, uno esperaba bastante más. Pero al menos me ha dado la esperanza de que alguien siga el camino que ha reabierto. Veremos a ver. 6,5 redondeado a 7/10.


The Flamingos / Art Garfunkel: I ONLY HAVE EYES FOR YOU

 I Only Have Eyes for You es una canción escrita por Harry Warren (música) y Al Dubin (letra) para la película de Ray Enright, con números musicales dirigidos y coreografiados por Busby Berkeley, "Música y mujeres" de 1934. Interpretada en ella por Dick Powell, y luego apareciendo en una maravillosa escena de baile con el sello inconfundible de Berkeley, el mismo año sería versioneada por varios cantantes hoy ya olvidados, aunque hay que destacar que la de Ben Sevin alcanzaría el número dos en las listas.

Tras ser usada en a película "Té para dos" de David Butler, ahí cantada por Gordon Mac Rae, la canción quedó más o menos en el olvido hasta que el grupo pre-soul y doowop The Flamingos decidió rescatarla en 1959. El grupo había empezado su carrera en 1952, y desde entonces solo habían tenido éxito con dos singles de 1956, A Kiss From Your Lips y I'll Be Home. Con I Only Have Eyes for You alcanzarían su mayor momento de gloria, alcanzando casi el top ten en las listas generales de éxitos y el número 3 en las de rhythm and blues. Ello les ha instalado en la historia del rock como uno de los grandes grupos del estilo doowop y la antesala de la música soul de los años sesenta.


 Y bien merecido que lo tienen, aunque solo sea por este tema, que, bajo la guía del arreglista Terry Johnson y el productor George Goldner, reconstruyeron de arriba abajo, quitándole lo que le hacía un standard, sin más, y convirtiéndolo en una joya del doowop, con su introducción a guitarra con reverberación, la incisiva voz del cantante Nate Nelson y los "shoo-bop-she-bop" con efecto de eco al fondo. Todo ello da un tono misterioso a la canción, muy de evocación, lo cual le ha llevado a ser usada en películas o series televisivas en momentos que necesitaban dicho tono. Así, el tema ha vuelto a aparecer en películas como "American Graffitti" o "Una historia del Bronx", y en series como "Buffy la cazavampiros", "Los Soprano" o "The Crown".

Tras la versión de The Flamingos llegaron otras, entre ellas una de Frank Sinatra, pero la canción volvió a lugares punteros de las listas de éxitos con la que hizo Art Garfunkel para su álbum Breakaway, de 1975, que triunfó no solo en Estados Unidos sino también en el Reino Unido, donde llegaría al número 1. Como era de esperar, la versión de Garfunkel, aunque coge el inicio que aportaron The Flamingos, se aleja del doowop para adaptarse a las modulaciones de su dulce voz. Para mi no es una mala versión, de hecho es tan agradable de escuchar como todo lo que canta Artie, pero echo de menos en ella el caracter misterioso y evocativo de la versión de aquellos. 


Para terminar, dejo aquí las primeras versiones del tema, de la película "Música y mujeres",  para apreciar los cambios que hicieron The Flamingos y admirarlos en su justa medida. En primer lugar, un clip con la primera vez que aparece en el film, y en segundo lugar la versión coreografiada por Busby Berkeley, que es una auténtica maravilla visual.




Fuente de los datos: Dave Marsh,  The Heart of Rock & Soul, Da Capo Press, New York 1999, Robert Dimery (ed.), 1001 canciones que hay que escuchar antes de morir, Grijalbo, 2011 y Wikipedia